Pensaba terminar un domingo a pleno sol y fue noche cerrada.
Mejor entonces, recoger las redes y dirigir la proa a los senderos mágicos del sueño; donde la vida y la nada se mixturan en una estela incesante de atardeceres rojos y vinos derramados.
Mañana sigue en pie, con esa extraña promesa de concreción y vigilia. Tan extravagante y lunática, que para transitarla hay que poner el corazón en cero y dejarse arrastrar por la marea de acontecimientos como si fueran lo importante.
Mientras tanto, el deseo se nos va escurriendo entre los dedos….
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Luna querida, celebro tu regreso, aunque percibo tu cielo un tanto nublado, que no permite ver tu brillantez en plenitud…
Vamos, cada día trae su afan…