
Cada vez que intento adentrarme en la zona oscura, despacito como brisa imperceptible, termino irremediablemente pisando una trampa y colgada de mi tobillo cabeza abajo.
Es justamente allí, en el triángulo oscuro y fantasmal que dibuja ese entrecejo, en el que mi admisión está irremediablemente vedada, parece…
Puedo ingresar a través de los ojos, sosteniendo mi mirada traslúcida y sin color sobre esas cuencas que denotan ríspidas la voracidad de un rayo. Incluso permanecer como observadora incauta las milésimas de segundo que tardan en reaccionar los ejécitos guardianes de ese abismo.
Puedo reelaborar diálogos, palabra a palabra, y como un irreverente detector de pensamientos ocultos, desarrollar desopilantes teorías que se relacionen con la nada, la oscuridad y el olvido.
Puedo presentir la tristeza, esa antigua que hace doler hasta la piel y hasta los huesos y el desasosiego que va agriando de a poco el vino del intento.
Y es entonces que estiro mis palmas y mis brazos se hacen lacios de acortar distancias y mi sonrisa haz de luz que busca rincón donde instalarse e iluminar esa brecha ciega de tiempo oscuro y deslucido.
E invoco a mis sentidos que trabajen en enjambre. En el sabor dulzón de aquellos labios, en la tersura acuosa de esa piel que, con el aroma salobre del resuello, se me antoja lejana aquí a mi lado y la percibo cerca, allá a lo lejos.
Nada sé de hechizos ni de ensalmos, ni de la clave audaz que abre las grietas del vacío. Encuentro el sortilegio equivocado, la hechicería magra, el encantamiento errado y discontínuo.
Y maldigo voz en cuello y hasta el grito, que resuena sordo en cada celda oscura, en cada rincón inaccesible, en cada suburbio extraño; y devuelve una mueca sonora, sarcástica y burlona que me incita nuevamente al desafío.
Mientras tanto continúo columpiándme, cabeza abajo, con un poco de enfado y divertida; presa de la trampa de la que tantas veces he sabido desprenderme para seguir cayendo todavía…
* La imagen es de Luis Royo, “Fallen Angel 1″ del album Fantasy !!
Me gusta mucho este post… me gusta mucho cuando dices:
“Y es entonces que estiro mis palmas y mis brazos se hacen lacios de acortar distancias y mi sonrisa haz de luz que busca rincón donde instalarse e iluminar esa brecha ciega de tiempo oscuro y deslucido”.
Sobre todo, veo que te gusta al menos ese dibujo de Luis Royo, uno de mis artistas favoritos.
Llego a tu blog por primera vez y me ha resultado interesante, felicitaciones.
MARCELA: Bienvenida y Muchas gracias por tus palabras!
Ahí encontré los datos de la imagen y los agregué aqui y en otro post donde utilizo otra hermosa imagen de Luis Royo.
el día que pueda expresar tanta pasión y emoción en mis escritos me voy a dar por realizado. cada vez mejor lo suyo.
sevemos
Diré como mi hija Corina, cuando tenía 8 años y quedó alelada contemplando azorada la Garganta del Diablo:
¡Dios mío!
Imágenes sin voz, oscuridad que nos lleva a encontrarnos a veces en los más profundos pensamientos que el alma y el corazón no se atreven a descubrir ante los demás, a veces por no ser heridos, o talvez no ser comprendidos ¿que más da?….
El reencuentro con uno mismo es el placer imperativo que cada ser necesita para darse cuenta que no está sólo…
Gracias POIO! Muchas Gracias!
Era casi la “garganta del diablo” MR CRAB, pero solo casi. Muchas Gracias!
WALTER es verdad, Jamás mostramos las profundidades de nuestros yo, solo pequeñas partes y poquísimas personas.
Cuando nos reencontramos con ese yo íntino, que muchas veces dejamos de lado en pos de otros menesteres o personas es reconfortante el reencuentro.
Luna, yo a veces pienso que el mejor amigo de uno es uno mismo, pues “te acompaña” a todos lados y está contigo en las buenas y en las malas, sabe de tus gustos, de lo que te pone feliz, triste, enojado, etc. Por eso debemos aprender a convivir con nosotros mismos, porque si no nos soportamos nosotros mismos ¿quién nos va a soportar?
Aunque también uno mismo se puede volver el peor enemigo, que no nos deja crecer y nos mantiene al margen de las cosas lindas de la vida, sumergido en malos pensamientos y echado a perder por la droga, el alcohol…
No sé, talvez me salí del tema, pero quería expresarte ese sentir…
No WALTER no te saliste de tema.
Solo que a veces nos cuesta mucho querernos y valorarnos como debiéramos y ser nuestros mejores amigos. Pero a no claudicar!
Sin querer a veces caemos una y otra vez en la misma trampa..
Lunis, amiga me encanta ese toque de misterio que le aplicas a tus letras.. excelente escrito.
Mis saludos, un abrazo y un beso
Lunis hermosa, por lo mientras te dejo la invitación.
La fiesta de mi cumple es el día 3 de mayo, sábado, a partir de las 22 hrs en el bar la bóveda, centro de coyoacan. Centenario y Xicoténcatl.
Besos festivos.
P.D. luego regreso a comentar.
Es quese trata de una trampa muy misteriosa MINE, tan misteriosa como tentadora …. seguramente me comprenderás …….
Besos para vos y para las Minis
JEMS, dulzura, allí estaré, no tengas dudas!!! pero nada de blues, llevo música para bailar hasta caerse muerto! jajajajaja
Se dice que los habitantes de la Tierrra de hace unos cuantos miles de años (o sea los cavernícolas) le temían a la oscuridad, pues siempre que oscurecía se encerraban en sus cuevas, hasta que amanecía nuevamente y volvían a sus andadas.
A veces no sé qué será más temible: si la oscuridad o el silencio, pues ambos son momentos de quietud extrema. Aunque de vez en cuando es bueno darse tiempo para uno mismo e irse lejos del bullicio de la urbe, para encontrar respuestas a preguntas que a veces parecen no tener ninguna respuesta.
¡Ah la vida y su complejidad! ¿o nosotros mismos la hacemos compleja?
La oscuridad y el silencio significa prescindir de dos sentidos, y eso mete miedo. Y más en la vida de los hombres primitivos para quienes no poder ver ni oír podía significar la muerte.
Si no hay nada de luz, en un punto no se puede determinar si lo que falta es la luz o el sentido de la vista. Lo mismo pasa con el silencio.
El otro día hablábamos con un amigo que reflexionaba y me decía que la vida es simple y nosotros la complicamos y por qué es así ….. esa es una pregunta que no tiene respuesta más que dentro de uno, y tiene que ver con lo que hablábamos arriba de ser nuestro gran amigo o nuestro más acérrimo enemigo.